Actitudes violentas en el programa del Kike
Por: Ricardo Chamorro
La tele tiene variaciones.
La tele se comporta de una manera extraña, creo. Lo extraño
de lo que ocurre en la tele tiene que ver con su variación
y también con su novedad. En un medio que lleve “un buen
tiempo” los vaivenes de su historia se entienden de manera
más cabal. En cambio, en lo que concierne a la tele,
el fenómeno está mucho menos desarrollado. Vemos solo
la superficie de, quizá, un enorme mar de formas de “emitir
conocimiento”, al que no estábamos acostumbrados los
humanos.
Por otro lado, la escritura, que es un fenómeno muchísimo
más desarrollado. En términos históricos, lleva milenios
haciendo pensar a los escritores acerca de la esencia
del escribir. Aristóteles teorizaba sobre la literatura
en su “poética”. Y lo que se observa en la literatura
es que se dan ciclos periódicos en que toda una época
piensa de determinada manera. La Europa del renacimiento
es bastante homogénea en sus modelos sociales y formas
de pensar. O imagínense lo que fue la literatura caballeresca
para los cortesanos. O lo que fueron los folletines de
amor. O lo que fueron las novelas policiales, o las comedias
griegas (para los griegos). Aunque claro, con la comedia
me estoy metiendo en honduras porque el formato es bastante
diferente. Por lo tanto, como culto de masas, la literatura
debiera tener un grado mayor de conciencia de sí misma.
En cambio la tele (todos los implicados en la cadena
de producción de la tele, desde que se fabrica hasta
que es degustado por su “·fruidor”, como diría Eco) posee
una conciencia de sí misma más escasa, lo que implica
que se da más pie para ciertos engaños. Engaños en los
cuales se oculta un lado oscuro y peligroso de la ideología
dominante. La narrativa de la televisión, que pretende
“divertir”, hace que todo esté más lleno de chistes fáciles
y anécdotas absurdas. Situaciones que claramente tienen
un trasfondo peligroso.
Al respecto puedo indicar un programa que vi el otro
día. Yo no poseo televisor, por lo tanto, cada vez que
veo algo es un acontecimiento. Estaba el Kike Morandé.
Lo que se ve es que el Kike Morandé hace un programa
orientado a gente cuya principal diversión es ver tele.
En general un estrato socioeconómico bajo. No son como
esos programas de conversación donde están Paulsen con
Villegas argumentando sesudas cuestiones acerca de la
contingencia política. La fórmula del Kike morandé es
el humor y las chicas semidesnudas. Benny Hill hacia
lo mismo de una manera más inteligente. El gordo porcel,
por su parte, también tenía un sentido del humor que
a veces era fino. Lo mismo que la serie argentina “rompeportones”.
En el kike la situación es diferente, sobre todo por
el animador: un tipo bastante cuico, en el fondo, lo
que implica que viene de una familia con mucha fortuna
y muchas influencias. Ya saben: una calle tiene el apellido
Morandé. Y no es solo un alcance nombre. Se trata de
un ancestro del kike. Entonces uno pregunta: ¿qué hace
un tipo de alcurnia en un programa que divierte a la
familia de los estratos E – D-C3, por utilizar la tan
vapuleada encuesta CASEN?. La respuesta es simple: está
haciendo dinero, como lo hicieron todos sus ancestros
vinosos. Para el Kike el programa es un muy buen negocio.
El kike en el fondo es un vendedor: su producto es un
espacio que divierte a la familia proletaria. No es extraño,
por lo tanto, que el mismo kike promocione los productos.
Es como un don Francisco de la noche. Aunque don Francisco
tenía un asistente en eso de anunciar sus productos:
Yeruba.
El Kike vende un formato televisivo de digestión fácil
y que no se complica con nada: el sketch. Su programa
está construido a base de estos Sketch, algunos interactivos.
En ellos prosperan varias clases de “payasos” que intentan
hacer reír, no solo al público, también al dueño del
negocio. Un ejemplo es Tony Esbelt. Se supone que es
un homosexual que se dedica a entrenar mujeres. Antiguamente
Tony Esbelt contaba chistes. Pero la última vez que vi
tele los guionistas le habían armado una aventura en
el espacio. El tratamiento del tema era un poco ignorante,
pero al margen de saber o no saber los detalles técnicos
mínimos de un viaje al espacio, se trataba a las chicas
(disfrazadas de extraterrestres) de putas o perras, de
manera literal y sin eufemismos. Lo cual, puede ser cierto
o quizá no, pero al menos yo encontré raro el limite
difuso entre broma y agresión que se establecía. Debo
decir que esta vez quedé sorprendido: la ecuación humor
– sexo incorporaba una nueva variable: violencia, como
parte del espectáculo. Lo mismo me ocurrió en otra sección
del programa: se trataba de una escuelita donde se mostraba
lo peor de un sistema de abuso y maltrato. En ella se
mostraba a un guatón con cara de mafioso y actitud de
lo mismo, intentado entregar sobornos y golpeando a otros
sujetos para mantener el liderazgo. Por supuesto, la
gente en el estudio se reía. Yo pensé en los colegios
de población donde todos van a pasar el rato sin aprender
nada. Y sin que al cabro promedio le importe, preocupado
como está de sobrevivir a los matones. Al rato entró
este homosexual que en otro momento tuvo fama: Nelson
Maury. Intentaba de manera lamentable demostrar que era
un macho, pero no le resultaba. Sus actitudes demostraban
una torpeza que daba vergüenza. Por otro lado, el guatón
mafioso se notaba que despreciaba (en la realidad, no
solo en el guión) profundamente a Nelson Maury. En una
oportunidad lo golpearon hasta que el sujeto quedó en
el suelo y se notaba que le dolía. Pero el show debía
continuar sin parar. En todo el programa los defectos
físicos sufrieron burlas que llegaron a ser muy duras.
No me era fácil sonreír en circunstancias semejantes.
Creo que me reí en dos oportunidades. El resto de las
veces sonreí un poco. No es mucho y me pregunto ¿me estaré
poniendo muy exigente o de verdad esos programas están
gastados y hay que ser muy necio para caer en el engaño?.
Ustedes saben cual será la postura del intelectual pragmático
y elitista que desprecia a las capas populares. Don Francisco
dirá “hay que darle al pueblo lo que el pueblo pide”.
También es deducible la actitud de los adictos a esa
clase de humor, pero que no quieren confesarlo: “pero
si es para pasar el rato, no más. No hay que ser tan
graves”. Si uno les pregunta “¿Este programa hace bien
o hace mal?”. La respuesta será que hace pésimo.”Obvio”.
Pero no sabrán decir porqué.
Volviendo al argumento inicial, es muy probable que la
idea de “agregar violencia a los programas de humor y
sexo” sea otro periodo que se inicia en la historia de
la tele y que pasará sin pena ni gloria como pasaron
tantas “novedades del año”. ¿Alguien se acuerda del Axe?.
Está muerto y enterrado.
De todas maneras, no deja uno de preocuparse sabiendo
los efectos de la violencia en otras parte del mundo,
Franja de Gaza por ejemplo. ¿La violencia está de vuelta
en nuestra sociedad como lo estuvo en los 80? ¿Hay una
cierta legitimación de la violencia?. Estos programas
de abusos físicos ¿están instalando la tortura como una
normalidad?. Soy un optimista. Imagino que los chilenos
sabrán rechazar esta nueva moda. Porque la violencia
del programa del Kike es, después de todo, lejana a la
que exhiben las imágenes que nos llegan de Gaza. Espero
que al vinoso Kike no se le ocurran más “ideas brillantes”
para hacer dinero. |