Algunas notas acerca de
la imagen
por Ricardo Chamorro
La imagen se halla en todas partes. Adonde
vayamos dentro de la ciudad hay imágenes que abarcan
muchos ámbitos. La diversa iconografía, desde
tiempos inmemoriales, agrega otro elemento: esa multiplicidad
de imágenes no solo tiene un sentido estético.
Quizá en algún primigenio principio pudo
existir un puro y abstracto afán estético,
pero con el tiempo las imágenes van adquiriendo
un determinado significado. Es decir, las imágenes
pueden leerse, como si fuesen símbolos puesto que
aluden a otros sentidos. Los antiguos cántaros fenicios
que transportaban agua en sus barcos, llevaban un par de
líneas onduladas. Esos tiempos primigenios han quedado
atrás. Ya no son unas pocas imágenes, ahora
son miles quizá millones. La conclusión primaria
es: las imágenes tienen contenido simbólico.
Y la siguiente conclusión es que la cantidad de
contenido simbólico actualmente disponible y “traducible”,
es decir, que posea algún significado para el observador,
es de una enormidad pasmosa. Un ejemplo corriente es el ícono,
una imagen simple y breve con un mensaje unívoco.
Las ciudades están pobladas de íconos, los
aparatos electrónicos que usamos están pobladas
de iconos, etc.
Ahora bien, mi opinión personal es
que el pensamiento puede ser comunicado mediante cualquier
elemento que posea contenido simbólico. Y continuando
con mis opiniones personales: la mente humana, la mente
en el sentido que la entiende Maturana (o Varela, para
ser más precisos), se refleja en el mundo mediante
simbolismos de cualquier tipo, en particular con el simbolismo
de la imagen. Es curioso, en ese sentido, observar que
el intelectual promedio (me incluyo entre los intelectuales
promedio) se preocupa por “el chileno que no lee
y que, por ende, no piensa”. Pero emite juicios con
contenido simbólico. Eso es inevitable. Y es capaz
de comprender los comerciales de la tele, lo que a mi juicio
no es una cosa necesariamente fácil. Hay que reconocer
que influye mucho el talento del publicista que fue capaz
de combinar ingeniosamente imagen con sonido y con palabras
(tanto escritas como habladas) para lograr un conjunto
que el chileno promedio comprenda. Un ejemplo: una marca
de sal de fruta, DISFRUTA, una marca de aparición
reciente, trata de entrar al mercado. Y como estrategia
de entrada engaña al espectador, haciéndole
creer que es una marca muy antigua y muy tradicional. Lo
logra grabando unos comerciales idénticos a los
que se hacían en los albores de la televisión
chilena. El telespectador entiende la broma, cae en el
juego, porque “interpreta” correctamente lo
que se le está diciendo. Quiere decir que en la
mente del telespectador hay una capacidad para discernir
los distintos estadios de desarrollo que ha tenido la televisión.
Ese comercial terminaba sincerando el mensaje y finaliza
diciendo “parece que lleváramos muchos años
tomándola”.
Otro ejemplo es aquel comercial de Firestone,
donde un indio trataba de cruzar una carretera apoyando
la oreja en el asfalto. ¿Por qué nos causaba
gracia el acto del indio?. Porque desde las películas
de vaqueros sabíamos que los indios hacían
eso, pero en la línea del tren. Ahora bien, hay
que notar que la vestimenta (la imagen que el comercial
nos da de la vestimenta) nos permite rápidamente
saber que estamos ante un indio. Y todos lo comprendían,
aunque es claro que nadie ha visto jamás un indio
comanche.
Esto refleja que el chileno posee en su
cabeza un registro importante de imágenes. Y refleja
que nuestra cultura va, cada vez más, hacia la imagen.
Y creo que ya es un lugar común decir que buscamos
imágenes como forma de evasión y placer.
Pero ¿hay un nivel de “crítica simbólica” en
el chileno promedio? Con esto me refiero a sí, acaso,
es capaz de leer más allá de lo evidente.
Hay crítica simbólica que ha dado frutos
notables. Puedo citar ahora, a la rápida a Humberto
Eco, con unos estupendos ensayos acerca del “significado
oculto de las historietas”, a Armand Mattelart con
su libro que interpreta significados ocultos acerca del
Pato Donald y a Ignacio Ramonet, que nos cuenta qué hay
detrás de las películas de vaqueros y de
guerra. Por supuesto, ellos descubren mucho mensaje político
asociado. Por lo tanto, es claro que un ojo crítico
bien entrenado frente a los símbolos previene contra
cierta propaganda nociva que nos viene desde el primer
mundo, o del mundo que sea.
Hacer crítica simbólica requiere
manejo de la historia del símbolo. Saber que ciertas
imágenes antiguamente poseían otro significado
o que, en otras culturas, determinadas imágenes
adquieren connotaciones inesperadas. ¿Posee manejo
histórico de los símbolos el chileno promedio?
A mi juicio si, porque hace bastante tiempo que el chileno
vive en el mundo de la imagen y, por lo tanto, conoce su
evolución y puede llevar a cabo la correcta comprensión
de un comercial como los indicados antes. Por supuesto,
esta pequeña “columna” no pretende agotar
el tema: se trata de un ámbito extremadamente extenso.
De todas formas, parece que el chileno “piensa” bastante
más de lo que los intelectualillos creemos. Pero
mi optimismo es mesurado: Croce decía “si
no hay expresión no hay pensamiento”. Por
suerte está youtube para expresarse sin límites. |