La Ciberrealidad y la Matrix
Autor: Ricardo Chamorro
Una de las películas que más impactaron al mundo en
su oportunidad fue la película “The Matrix”. Ya todos
conocen el argumento de la cinta pero puedo resumirlo
en “una sociedad futura, en la que los hombres no son
hombres sino fuente de energía de una gran computadora”.
Pero la supercomputadora no solo se queda con la energía
de los humanos. Nadie entrega algo gratis, y menos un
humano. La estrategia de la supercomputadora para quedarse
con la energía humana requiere que a éstos se les tenga
engañados, requiere que ellos crean que no existe la
computadora sino que una ciudad allá afuera, en que se
viven todas las vicisitudes de siempre. Por supuesto,
alguien podría decir: la trama esencial de la película
está sacada de la mente de un paranoico. Las construcciones
de la paranoia tienen también ese cariz: son construcciones
muy bien armadas, en las que se tiene respuesta para
cualquier objeción. Después de todo al salir del cine,
nos surgen espontáneas las preguntas ¿vivimos en una
matrix? ¿es todo lo que vemos a nuestra alrededor tan
solo una realidad “virtual” creada por la máquina?. Ideas
como esa no son nuevas. Borges gustaba recordar el mito
hindú en que nuestra vida completa no era más que el
sueño de un dios. Cuando el dios despertara el mundo
acabaría. Quizá suene un poco enfermo, pero creo que
la pregunta de si acaso vivimos en una matrix, con una
realidad virtual creada por ella, es digna de intentar
responderse.
Ante todo debe indicarse que la película de enmarca
en el subgénero de las anti utopías. Aquellas que imaginan
el futuro, pero no lo imaginan feliz, sino un desastre.
Otros ejemplos de esa clase películas son Fahrenheit
451 y 1984. Estas tres películas tienen en común la imagen
de un ser humano que ha perdido completamente su libertad.
Brazil, por su parte, es el futuro “que podría haber
sido” de mantenerse las condiciones que se daban en la
era de las burocracias. Podemos decir que, en ese sentido,
se trata de una Ucronía. Es como imaginar que Hitler
ganó la guerra y no que la perdió. De todas formas apela
al mismo patrón: un ser humano que ha perdido su libertad.
Pues bien ¿vivimos o no vivimos en la matrix? La respuesta
que veo a diario es que muchas de las técnicas realizadas
por la matrix, ya se emplean en mayor o menor grado.
Porque ¿qué hace el hombre al vivir en la ciudad todos
los días? Cuando uno mira nuestras actuales ciudades,
con su boom del desarrollo inmobiliario, lo que ve es
“grandes edificios al interior de los cuales viven hombres
y mujeres que son mantenidos en ambientes seguros y tibios”.
Las enormes construcciones donde se apiñan cientos de
familias poseen muchas instancias para “ocupar el tiempo”
y en ese ocupar el tiempo se hacen notables traspasos
de energía a una superestructura: el edificio entero.
Una imagen que a mí me conmueve es la fila de trotadores
que se ve en los gimnasios incorporados al edificio.
La fila avanza hacia nada, embelesada en la pantalla
que tienen al frente. No me extrañaría que las máquinas
de los gimnasios poseyeran dínamos que captan la energía
de los movimientos para llevarlos a una gran central.
Es más: ni siquiera me parece mala idea.
En muchas partes, los trabajos tienden a lo mismo: los
arquitectos de la ergonomía diseñan cubiles cada vez
más pequeños donde el oficinista promedio tiene todo
lo que necesita. No requiere, en principio, que se levante
de su silla. Recuerdo una propaganda radial donde se
ofrecía un programa informático que organizaba el tiempo
de manera precisa y eficiente, de tal manera que “se
acababan los cafecitos a media mañana y las conversas
en los pasillos”. Se evitaba, en suma, que el trabajador
desperdiciara energía que era “de la empresa”. Porque
bueno es decirlo, aún resuena el concepto marxista de
enajenación: el resultado de los esfuerzos de cada oficinista
no le pertenece a él, le pertenece a la empresa. Esto
no es algo que pase en lejanas fábricas chinas. El profesional
chileno no puede poner su firma en una planilla excel
como si fuera su creatura. Va la firma de la empresa.
A este deseo de los ergonomistas de tener al funcionario
sentado se agrega un elemento nuevo que durante la burocracia
no existía: Internet. La Internet tiene un elevado potencial
adictivo. Por otro lado, su grado de virtualidad es muy
alto. Las cosas que ocurren en la red no necesariamente
tienen su correlato “real”. Un ejemplo es el facebook.
Las cosas que ocurren en facebook, muchas veces se quedan
allí. Recuerdo el sujeto que se ha sindicado como uno
de los violadores de Las Condes, con una activa participación
en facebook, al punto de poseer una novia virtual. Ignoro
si le tocó un pelo a la novia virtual, pero sospecho
que no. Un último ejemplo de virtualidad, muy orientada
a tipos que viven en edificios, de donde no salen casi
a la calle: el nintendo wii. En el nintendo wii, cada
vez más, se pueden jugar los juegos que antes eran reales:
hay cocina wii, golf wii y boxeo wii. Por más que uno
se pregunte ¿es que acaso la cocina wii es mejor que
la cocina real?. Por ahora, la cocina real tiene un subproducto,
más allá del mero juego: un platillo de verdad. Es muy
probable que los jugadores de cocina wii no sepan cocinar
en realidad.
Con los ejemplos anteriores queda claro que abundan
los métodos para quitar energía a los habitantes del
edificio “en altura”. De esta forma la película de Matrix
es algo más que la fantasía de un paranoico: es la metáfora
de la sociedad en que vivimos. No me extrañaría que en
un futuro, quizá no lejano, se reemplacen las sillas
frente a la pantalla por tazas de water. Por lo menos,
hubo una empresa de supermercado que repartía pañales
de adulto a sus cajeras, para que no se levantaran al
baño. De eso a lograr que el empleado no se levante
jamás de su silla, hay solo un paso. |