Politica y Arte: Una relación
con muchos ejemplos
por Ricardo Chamorro
En estos tiempos, en que empuñar
un arma es una idea poco popular, uno se pregunta ¿de
qué manera lograr un mínimo de cambio político?
Porque la situación es clara para el izquierdista
promedio, que ve que “todo mejora”, pero para él
no mejora. Por supuesto, el que vive esa experiencia no
es un profesional joven que se instala a vivir en un pequeño
departamento de provi o Ñuñoa. Por supuesto
que no. Estamos hablando de lo que el eufemismo estadístico
en boga ha venido a llamar “segmento C3, D y E”.
Es decir, familias cuyo ingreso es menor a quinientas lucas.
En algunos casos, bastante menor a eso. Entre ellos a veces
surge la pregunta acerca del cambio político.
Ahora el deseo del cambio político
fue una cosa un poco dormida en una época. Pero
desde los pingüinos al Transantiago (que generó protestas
espontáneas “del ordenado y cívico
pueblo chileno”), pasando por el conflicto de Celco
y los subcontratistas de Codelco, el chileno le ha perdido,
un poco, el miedo a expresar colectivamente su opinión.
El chileno, que duda cabe, se está volviendo “un
ser político”. Hasta el momento, las estrategias
de lucha han pasado por salir a la calle con mas o menos
violencia. Pero ¿es la única estrategia
posible?. Por suerte no es la única.
Evidentemente la otra forma es el arte,
entendido el término en un sentido amplio. Para
los historiógrafos vale la pena recordar el caso
Dreyfus, una muestra de cómo un texto literario
(el célebre “Yo Acuso” de Emile Zola)
fue capaz de influir de manera positiva en la resolución
de una causa judicial en la Francia de finales del siglo
XIX. No es el único caso. Hay que recordar que un
poeta, Miguel Hernández, fue fusilado por ideales
anarquistas y, en rigor, mucha de la España intelectual
murió en la guerra civil. Muy relevante, también,
fue el papel de los artistas en todo el mundo durante la
guerra de Vietnam. Los sesentas eran una época de
mucha conciencia en el uso del arte como herramienta política.
Jean Paul Sartre creó el concepto
de “Compromiso” entendido como una forma de
ser del artista, en que éste no solo se dedica a
la cómoda actividad de la pintura para la elite,
sino que sale a la calle, entra constantemente a la arena
política y utiliza el arte como arma de lucha. No
me extrañaría que la idea le hubiese venido
mientras arengaba en una barricada.
Chile, por su modesta parte, tiene algunos
ejemplos notables. A los más obvios de La Brigada
Ramona Parra o Neruda, se unen las novelas realistas de
la generación del 38, las acciones del CADA, los
documentalistas de finales de los 60 y 70 y prácticamente
todo el cine de los 80. No hay que olvidar un importantísimo
subgénero, que se convirtió en una tradición
de mucho desarrollo en Chile como lo fue la caricatura
política. Pero basta de listados enormes. Todos
sabemos, desde Aristóteles, con su frase “El
hombre es un animal político” que la cosa
parece estar bastante definida. Así pues, en el
Chile de hoy, conviene recordar la importante dimensión
política del arte. Casi como parafraseando a los
utilitaristas del siglo XIX, hay muchos padres preocupados
por el futuro de sus hijos, que les prohíben el
estudio de una carrera de arte porque la consideran inútil.
Quizá no sea tan útil para ganar dinero (aunque
Picasso y Dalí llegaron a estar dentro de los más
ricos del mundo) pero ese es otro tema.
Lo anterior lo podemos unir al hecho de
que nuestra actual sociedad tiene una importante predilección
por la imagen y el sonido (sobretodo por la imagen) y por
eso el momento actual señala que son las artes relacionadas
con la imagen, las artes visuales, las que pueden lograr
más éxito en una lucha política. Algunos
atisbos se están produciendo y puedo dar el ejemplo
de “Señal 3”, de la Población
La Victoria. Cada vez se vuelve más importante y
necesaria la generación de iniciativas como esa.
Esto presupone, por supuesto, la utilización de
la imagen en movimiento y el video como medio de soporte.
Por suerte, la tecnología ayuda bastante. Antiguamente
hacer un documental era una actividad carísima debido
al equipamiento y al nivel de calificación que debían
poseer los técnicos. No cualquiera podía
salir a la calle a grabar o a “filmar” según
la antigua terminología. “La bomba atómica
en casa”, dicen los argentinos queriendo decir que
cualquiera, con un PC y una cámara (no es impagable
la inversión) puede hacer una película.
Esto que escribo aquí no es ningún
descubrimiento, por supuesto. El libremercado se dio cuenta
desde un principio que era necesario usar el arte como
una forma de “promocionar” sus productos. Esa
fue una primera etapa. Luego se pasó a usar el arte
para “crear la necesidad de determinado producto”.
Un importante subgénero, los comerciales de televisión,
ha sido practicado por los grandes directores chilenos,
como Caiozzi. Desde un punto de vista estatal o institucional
también se le ha utilizado. El régimen de
Stalin promovió un determinado tipo de arte, un “realismo
socialista” que fuera la herramienta del partido,
que educara “la conciencia del pueblo”. De
esta forma se realizó una serie de películas,
sinfonías, poemas, murales, etc que cantaban las
glorias de la revolución, de Stalin y de Lenin.
Por supuesto, apartarse de la estética proletaria
aseguraba una temporada en Siberia. Hitler no podía
estar al margen. Una de sus primera medidas al asumir como
canciller el año 33 fue constituir el ministerio
de propaganda, capitaneado por Goebbels. No es casual esa
decisión de Hitler: lo suyo había sido la
bohemia y la pintura, en Paris, antes de la primera guerra.
Por ultimo, la maquinaria artística mas aceitada
del mundo: el ministerio francés de cultura.
Este uso institucional del arte queda aún
mas claro y evidente cuando pensamos en Hollywood. Muchas
de las películas que han hecho los estudios yankees
pueden leerse bajo una interpretación política.
Y no se trata de únicamente de paranoias. Durante
los años 50, en lo que se conoce como “la
caza de brujas”, muchos directores y actores fueron
sacados de la industria si existía alguna sospecha
de izquierdismo. Mucho después Rambo, fue un intento
muy calculado de convertir la derrota de Vietnam, en una
victoria “moral”. Intento que dejó de
prosperar con el estreno de “Pelotón”.
Entonces, lo que está faltando es
que más gente tome conciencia de lo que tiene entre
manos. Que se dejen de payasadas chill-out (que para un
rato de evasión están rebuenas) y le hagan
a algo que importe, le hagan a algo que pueda cambiar el
mundo.
Post Scriptum (PS)
¿El expresionismo abstracto como
una forma de hacer arte sin meter en ella a la política?
Es posible, pues en el caso de Jackson Pollock lo importante
era el tipo de belleza que estaba buscando; y la belleza
encontrada por él, en la cual invirtió diez
años de su vida, es una belleza que puede ser usada
como herramienta política o como decoración
de cocina. Uno elige. O lo hace la industria cultural.
Este es un detalle importante: el artista visual como un
tipo que con mayor regularidad separa el “arte por
el arte” de la “utilización política
de ese arte”. Es difícil imaginar que un novelista,
por ejemplo, un artista de la palabra mas que de la imagen,
escriba un libro que sea puro “hecho estético” y
carente completamente de un mensaje con influencia política.
Si uno da el ejemplo del best seller, no se llega muy lejos,
porque el best seller (Rambo, El Padrino, Aeropuerto, James
Bond, Forest Gump, etc etc) entrega necesariamente una
visión de mundo, una ideología, y bastande
fácil de detectar. El best seller, ya se sabe, tiene
por objetivo la venta rápida y masiva: escriba para
el público general, sin caer en trasgresiones, le
dicen en la editorial. En el arte visual en cambio es mas
fácil pensar en la “pura estetica” en
la “pura abstracción” que no tenga ninguna
implicancia social mas que juntar a un grupo de humanos
de elite (que, por supuesto, no se hablan demasiado entre
ellos) en un salón muy grande y claro que llamamos “museo”. |