El reality del amor
Autor: Ricardo Chamorro
Hace poco terminaron de transmitir una de
esos experimentos sociológicos que están haciendo los canales,
los llamados “reality”. El último que nos tocó ver, “Amor
Ciego” causó una conmoción grande dentro del país, al punto
que sus imágenes permearon hacia otros géneros. Luego de
finalizado el reality surgió de inmediato un video (tipo
youtube) que hacía una reaggetton con la situación ganador.
Anteriormente el célebre “¡porqué no te callas!” había
tenido un privilegio similar. El “The Clinic” utilizó uno
de los dichos más celebrados del reality (un gritito que
dice “¡papá, papá!” y que se supone que es el símbolo del
choro de pacotilla) como una de sus portadas y por último
una marca de cerveza utiliza al ganador como uno de sus
personajes.
Pero ¿qué fue lo que ocurrió? ¿Por qué se generó este nivel
de popularidad para el reality?
El guión del reality era tan simple como inquietante. Un
grupo de sujetos debía conquistar a una chica. La chica
era la encargada de seleccionar, mediante eliminaciones
sucesivas, al ganador “de su corazón”. La primera metáfora
que a uno se le viene a la mente es aquello de los espermatozoides
tratando de entrar al óvulo. De todas formas, no es la
primera vez en la historia de la humanidad que se realizan
juegos de esta índole. Los cuentos para niños están plagados
de situaciones en las que un grupo de príncipes “de las
regiones más remotas” llega hasta el palacio para tomar
la mano de la princesa. El padre, usualmente, es quien
convoca esta clase de concursos. Todos los que hayan leído
esas historias recordarán que el ganador era siempre el
contendor más humilde. El ganador no era el príncipe más
rico y si lo era, estaba disfrazado de pobre, o nadie le
había informado que sus padres eran los monarcas de alguna
región encantada. En el caso del reality “amor ciego” se
daba sin duda la misma lógica; el espermatozoide ganador
no sería el más robusto o el de mejor aspecto sino el más
humilde: voz de pito, bajo de estatura y un poco ridículo.
Si es que esto no estuvo pauteado por el canal, quiere
decir que la chica-óvulo había leído demasiados cuentos
de princesas. La otra opción, la que supondría una jugada
maquiavélica por parte de la chica–óvulo es que ella halla
elegido al más popular para ganarse una parte de su popularidad.
Una opción como esta no me parece nada de descabellada.
Ahora, la capacidad que
han tenido las expresiones del ganador de instalarse, rápidamente,
en el imaginario colectivo del chileno, tienen que ver con
esa costumbre de estar apoyando siempre al más humilde (entre
David y Goliat ganará siempre David) y uno se pregunta de
inmediato porqué. La respuesta que puedo aventurar es que
el chileno promedio se siente fuertemente identificado con
el humilde porque se ve a si mismo como humilde. Y esa clase
imágenes le da esperanzas al humilde: “si ese güeón fue capaz
¿porqué yo no?”. Con esa frase el chileno promedio recupera
bastante seguridad en sí mismo, baja mucho su ansiedad. No
debemos olvidar que en la “Condorito” (una revista ya arraigada
en el inconsciente colectivo del chileno) el héroe es el
pillo, el gracioso, el avivado. Por eso Cortizona nunca tendrá
a Yayita. |