Spider, un hombre sin
sentido de la realidad
por Ricardo Chamorro
Siempre se presenta la dicotomía
entre las películas “profundas” y las
películas “entretenidas”. A las primeras
se las califica de serias y a las segundas de frívolas.
Sin embargo, a mi juicio existe un amplio grupo de películas
donde dicha dicotomía no existe. “Spider”,
de David Cronemberg, es una de ellas.
Desde la escena inicial, el filme nos plantea
el reto de entrar en la mente del personaje y saber que
pasa en ella. Lo que pasa por la mente del sujeto (no es
lo único) es la alucinación, lo comprendemos
con el correr de imágenes pesadillescas y degradadas.
Spider es un hombre alucinado que cree saber con claridad
como funciona el mundo, pero su aspecto angustiado delata
un permanente estado de sospecha y temor respecto de su
entorno. Spider está siempre desconfiando, siempre
sospechando y siempre mascullando comentarios para sí,
que los demás no oyen. Hacia el final de la película
(y con esto me adelanto bastante), la realidad se le aparece
una cosa extrañísima, que no comprende, que
no ha comprendido nunca. Que no comprenderá nunca
y que volverá a jugarle malas pasadas.
Por suerte para el hombre hay una cierta
constancia en la vida, por lo tanto puede realizar estrategias
de sobrevivencia. Son las estrategias de sobrevivencia
correctas para el mundo en que cree vivir, después
de todo Spider no es tonto. Pero esas estrategias de sobrevivencia,
que van haciéndose cada vez más peligrosas
para quienes le rodean, y más peligrosas para el
propio Spider, chocan con lo inesperado de manera creciente.
Y al hacerlo, el personaje sufre una creciente perdida
de sentido. Como su actuar, además, está contra
las normas del mundo “normal” (Spider es un “anormal” durante
toda la película y durante toda su vida) se le caracteriza
como “loco” y, de esa manera, Spider ha tenido
que pasar encerrado bastante tiempo. El encierro no es
solo generado por el sistema de salud. Lo genera también
el propio Spider. Ese es aproximadamente, el giro
de los acontecimientos en la película.
Podría decir que “el fondo
de la película es la locura, la forma en que la
locura atrapa a un hombre y lo vuelve un ser marginal”,
pero esa es solo una primera lectura. Porque la película
también nos presenta una visión crítica
de la familia pequeño burguesa. La familia de Spider,
en su niñez, es su padre y su madre. Un entorno
correcto y adecuado desde un punto de vista democristiano
y, sin embargo, es este ambiente el que engendra una mente
como la de Spider. ¿Por qué?. Cronemberg
no hace aquí una presentación realista de
las familias, sino una representación altamente
simbólica; no es fácil darse cuenta al ver
la historia por primera vez. Hay, en todo instante, una
dinámica Edípica en el comportamiento de
todos los integrantes. Es una figuración Edípica
bastante canónica, por lo demás, donde cada
uno de los personajes juega su papel a la perfección.
El niño odia al padre que le quita a la madre, a “su” madre,
a la madre tal como Spider la quiere, buena y pura. Se
la reemplaza por una mujer burda y chabacana, una prostituta
de la calle, que bebe, fuma y se comporta de manera lujuriosa.
Estas dos madres, que Spider pone (y “opone”)
en evidencia con su visión de mundo, son al final
una sola persona y el personaje lo descubre demasiado tarde.
A esa altura su mente se ha separado de la misma forma
en que lo ha hecho su madre.
El filme también muestra una cierta
visión acerca de la infidelidad. Una infidelidad
que aparece en el padre de una manera desagradable, ligada
al crimen y a la irracionalidad. Es más una urgencia
sexual, perversa, que una aventura de amor. Se nos aparece
un tipo que está deseando escapar de su hogar,
de una casa quizá demasiado monótona y calma.
Para la mente de Spider (todo el pasado lo estamos viendo
a través de sus ojos), su padre elige a la primera
mujer que le satisfaga la urgencia y con eso el padre destruye
a la madre y a la “familia feliz”. La mujer
hace algunos esfuerzos por evitar la infidelidad. Se compra
ropa sexy para atraer a su hombre. En los ojos de Spider,
la mujer no logra retener a su hombre. A pesar de ese fracaso,
Spider comienza a entender que no es él el favorito
de su madre, ni es él el único que atrae
su atención. Spider comprende que su madre está pactando
con el enemigo (su propio padre). La infidelidad del padre
se desarrolla rápidamente a los ojos de Spider.
Todos en la platea participamos en el desprecio por la
amante y por el padre. “Son unos malditos criminales”,
escuché decir en la butaca de al lado. En cambio,
profesamos gran ternura a la madre, una mujer inocente
y buena.
El director logra, con gran maestría,
convertir al espectador en una variedad de Spider. Hasta
que nos llega la sorprendente verdad final. Y los sorprendidos
somos todos, el personaje y los espectadores. El espectador
siente que él también merece el encierro,
que él también está loco, que su
propia madre está dividida en dos. La escena del
automóvil alejándose hacia el manicomio es
también un alejamiento hacia la infancia del personaje.
Una segunda vuelta es necesaria. Cosa que, gracias a nuestro
poder como espectadores, podemos llevar a cabo para salvarnos
de la locura. Spider no tiene tanta suerte; ha entrado
en un ciclo infinito. Conocer el secreto (“la verdad”)
permite acercarnos a otros detalles que pasan desapercibidos
al principio. Detalles constructivos que nos convencen
de haber sido engañados durante mas una hora. Un
pequeño pero importante ejemplo: existe una sola
actriz para representar a tres personajes distintos que
van pasando por la cabeza del protagonista. Sin embargo
esos personajes son todos el mismo: una visión,
una parte de la madre, una de las formas bajo las cuales
se manifiesta la madre.
Es una película absolutamente recomendable.
Una película que, si peco de exagerado, debieran
verla todos los Santiaguinos las dos veces que señalo.
Esta película es ideal para resolver conflictos
Edipicos y de esa clase de conflictos el santiaguino está lleno. |